con su viento metálico y su humedad de azafrán
me siento a esperar una vez más
como cada noche de estos años
como cada segundo de esta vida.
Es raro cuando esperas, cuando aguardas, cuando esperas
te vuelves adicto y no hay nada más que la esperanza
¿de qué?
Lo malo es que a veces olvido su rostro...
La noche eterna nos acuna
nos protege en su seno nos entiende
camino por las sendas de tierra muerta
cobre perdido, molibdeno esparcido
y extraño las luces de la ciudad, cuando mi espera era diferente
cuando aun estabas aqui pero eras lejana
cuando mi espera era distinta
déjame que me amarre al presente de los recuerdos.
¿Es la misma noche la que tú ahora estás observando?
Y si vuelves ¿aún te gustará el helado, las caminatas, la lluvia fresca de las tardes de verano?
¿Aún te gustaré?
¿O ahora preferirás cosas más sofisticadas que este mortal que espera?
No se puede saborear la miel después del caviar.
Espero pacientemente pero el miedo me consume
que pasará cuando la espera se acabe
que sucederá cuando me envuelva el ruido
será acaso que no habrás cambiado ni lo más mínimo
o ya no recordarás mi rostro
mis manías
mis abrazos
mi devoción
verás en mí aún al chico que insistía a pesar de que eras feliz en otros brazos?
Mi melancolía alcanza sus límites acaso
o la espera me marchita
y en eterna agonía me pregunto una y otra vez
incansablemente hasta el final
clamando ferozmente para que alguien me responda
cuándo
Viernes, 10 de diciembre, 2010
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