jueves, 3 de noviembre de 2011

La Verdad I Parte [Lágrimas]

Daniela Veneroni 6º Grado

Mis padres se separaron durante la navidad de quinto de primaria. Nuestra vida previa era maravillosa: papá sacaba el auto y lo lavaba con la manguera mientras mamá hacía pequeños piqueos en la cocina. Yo jugaba en mi cuarto con mi futuro hermanito, con mis muñecas y con todo lo que mi madre decía era imaginario, pero que más dá, era feliz.
Fue una tarde soleada después del colegio. Papá me recogió y me llevó al centro a comprarme ropa. En realidad no me conocía tanto para recién enterarse que prefería comprar peluches y dejar a mamá comprar las prendas (cosa que le encantaba.) Me llevó luego a las galerías y mientras comíamos un helado me volcó el mundo.
-Te vas a ir con tu madre.
Me emocioné porque pensé que era un viaje y sonreí, solamente para chocar con la lágrima de papá.
-¿Por qué lloras?
Y entendí. Una vez ví una película donde el papá dejaba a la familia para ir a trabajar a algún país europeo, no recuerdaba por más que quería el final porque la película era larguísima y me dormí en una de las tantas propagandas. Me ví atormentada al sentir a mi familia derrumbarse, mi unidad perfecta, mi felicidad y no entendía por qué.
-¿Es que ya no amas a mamá?
-Al contrario, la quiero más que nunca.
-¿Entonces?
Papá cerró los ojos con fuerza y me miró con pena.
-Es complicado. Algún día lo entenderás.
Y nunca lo entendí.

[Grabación borrosa. Seguramente por la cinta de VHS reutilizada.]

Era un barrio diferente. Las casas eran todas de dos o tres pisos y habían pocos niños, casi ninguno. Estaba encerrada en casa toda la tarde después del colegio hasta que mamá llegaba en la noche de trabajar en el hotel. (Mamá era recepcionista.) La televisión me aburría y aprendí a usar los libros como somníferos, los leía hasta que mis ojos se cerraban automáticamente y así sucesivamente hasta que un día me interesó uno cualquiera. Era Veinte mil leguas de viaje submarino.
Pronto me apasionó la lectura y cada quincena, papá venía y pasaba el día conmigo. Durante ese día jugabamos y me llevaba a una tienda en la calle San José para comprar un nuevo libro, a veces de Stephen King, a veces de Cortazar. Papá alentó todo lo que me gustaba, desde los libros hasta la natación y siempre estaba disponible cuando lo llamaba por teléfono solamente para preguntarle que estaba haciendo. Me quería y yo a él.
Un domingo no llegó. Estuve toda la mañana esperando en nuestra salita y jamás apareció, me ponía ansiosa con el sonido de algún carro que se acercaba y el corazón casi se me sale del pecho cuando un taxi paró frente a nuestra casa.
Era mi tía Josefina.
Tocó la puerta y me abrazó con fuerza, como si me fuese a escapar, cosa que realmente quería hacer.
-Noelia, ¿dónde estás Noelia?
-¿Qué sucede mujer? ¿por qué el escándalo?
-El Felipe mujer, se nos murió.

[Llanto. La niña se limpia la cara con la manga de la camisa e intenta proseguir el relato pero las lágrimas le ganan.
Después de un rato sola, sentada en aquel banquillo mientras tres sicólogos la observan, deja de llorar y prosigue el relato.]


Mi padre entró a hacer un retiro del banco. Inocente él que al abrir la puerta un balazo entró en su frente, de parte de los asaltadores asustados y en dirección al miedo. Ellos fueron capturados pero mi padre no sobrevivió para recogerme y llevarme a comprar El amor en los tiempos del cólera, como había prometido. Al día siguiente estaba vestida de negro y lloraba por la tierra que ponían encima de él, ¿cómo sino podría recogerme de nuevo si lo encerraban así? ¿cómo volveríamos a comprar libros, cómo me compraría chocolates, cómo me llevaría del brazo al altar cuando encontrase a mi príncipe azul?
Es por eso que decidí estudiar medicina. De grande seré doctora e investigaré tanto que no habrá barrera para el conocimiento. Al fin y al cabo, la muerte es una enfermedad como cualquier otra y descubriré su cura.

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